EL EXTRAÑO CASO DEL Sr. BURTOO Y LOS FANTASMAS DEL ESPACIO…
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Dentro
de la amplia casuística OVNI existen episodios realmente
desconcertantes, donde sobre todo destaca la exclusividad y singularidad de
algunos encuentros que parecen “fabricados” ex profeso para la ocasión y para el
testigo en cuestión. Uno de estos incidentes ocurrió en la década de los
ochenta en Gran Bretaña, y no deja incluso de tener su fina ironía y sentido
del humor…
Sobre
la 01:00 horas de la madrugada del 12 de agosto de 1983, Alfred Burtoo,
exoficial del ejército británico, estaba pescando tranquilamente en el Canal de
Basingstoke (Hampshire), cuando observó una luz brillante, que procedía de
North Town, que descendió del cielo y aterrizó muy cerca de donde se
encontraba.
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Alfred Burtoo protagonista sin duda de uno de los encuentros cercanos con OVNIs mas bizarros de la historia. |
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En un primer momento, el testigo pensó que debía ser un helicóptero de una
cercana base aérea militar. Mientras se servía un té de su termo, Tiny, su
perro comenzó a ladrar furiosamente. De las sombras surgieron dos extraños
seres, de 1´50 centímetros de altura, con cascos de viseras negras que impedían
ver su rostro y ambos vestían un traje de color verde pálido, de un material
parecido al plástico, desde la cabeza a los pies sin costura ni cremalleras. Uno
de los humanoides, con gestos, levantando y agitando su mano derecha, le indicó
a Burtoo que le siguieran. "Yo tenía 77 años y no tenía mucho que
perder" dijo posteriormente a la prensa el testigo, así que el jubilado
sin temor alguno, decidió acompañar a sus extraños visitantes. Anduvieron en
fila por un sendero, Burtoo iba en medio de los 2 humanoides. “Caminamos a lo
largo del camino de cuerda hasta que llegamos a las rejas que existen en el
puente del canal”, en ese momento tal y como describe el testigo, se produce un
hecho insólito, su extraño compañero de viaje pasa a través de las rejas como
un fantasma”, atravesándolas limpiamente, mientras que, obviamente Burtoo tiene
que saltar el pequeño obstáculo. Entonces a pocos metros en una curva hacia la
izquierda, el asombrado pescador observó un raro artefacto metálico posado en
la tierra. En ese momento exclamó: “Cristo ¿qué diablos es esto?". Ante él había
una enorme maquina, como de aluminio brillante,
de unos 14 metros de largo por 5´5 metros de altura, rodeada de luces. El tren de aterrizaje lo
conformaban dos patas en forma de “skis”. A través de una larga escalerilla,
con una barandilla telescópica, de unos 3´5 metros de longitud,
Alfred Burtoo accedió al interior del objeto, el cual tenía un techo muy bajo,
por lo que el testigo tuvo que inclinarse un poco. La sala era de color negro, sin
esquinas y de formas suaves. En la parte de la derecha se abrió una puerta que
lo condujo hasta una estancia de forma octogonal y de aspecto “metálico
inacabado”. Lo mas curioso y desconcertante de aquella sala, es que "olía un
poco a carne en descomposición".
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El extraño artefacto observado por el Sr. Burtoo... |
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"No ví ningún signo de tuercas o tornillos, ni ví ninguna costura donde se
juntaban las partes del objeto" afirmó Burtoo. "Lo que me llamó la
atención sobre todo era un eje, de 1´20 metros de diámetro, que se alzaba desde
el suelo hasta el techo” y que en su parte derecha tenía “una manija en forma
de Z”.
Al lado de esta "columna", en el lado derecho, el testigo distinguió
vagamente que había "dos siluetas similares a los seres que caminaron
conmigo a lo largo del camino". El exmilitar fue colocado bajo una luz de
color ámbar, que desde la pared cerca del techo pareció escanear durante unos 5
minutos su cuerpo.
Uno de los humanoides preguntó al testigo ¿cual era su edad?. Su voz sonaba
como una mezcla entre chino y ruso. Cuando el jubilado respondió que pronto
cumpliría los 78 años, el humanoide, sin titubeos, le dijo: "Se puede ir,
usted es demasiado viejo y enfermo para nuestros propósitos". Burtto
abandonó el artefacto algo perplejo. Al volver la cabeza, mientras bajaba por
la escalerilla, se fijó que la parte superior del artefacto parecía una enorme chimenea
y giraba en el sentido contrario a las agujas del reloj. Con gran tranquilidad
el anciano regresó a su lugar de pesca donde había dejado a perro. El reloj
marcaba las 02:00 horas de la madrugada. Sin más, nuestro protagonista apuró el
té, ahora frío, que se había servido una hora antes de su particular y singular
encuentro. "Entonces oí un ruido quejumbroso, como cuando un generador
eléctrico se pone en marcha, y el aparato se elevó para después desaparecer a
una velocidad muy alta". Tal fue la luminosidad que desprendió el objeto
en su despegue, que el testigo podía ver claramente su pequeño flotador de
pesca en mitad del río a 1´80 metros de distancia en plena noche. El testigo
siguió pescando sin temor alguno hasta las 12:30 horas y logrando un botín de 9
piezas. Curiosamente, sobre las 10:00 horas, Burtoo habló con 2 policías que
patrullaban por la zona y les narró que
había visto una extraña luz en cielo aquella madrugada, sin que estos al
parecer le dieran mucha importancia a su testimonio. De regreso a su domicilio,
contó su peculiar aventura a su mujer y
a un amigo, aunque en un principio, les dijo que sólo había visto una luces en
el firmamento, sin mencionar nada sobre la entrada en la nave o la insólita
conversación con los humanoides.
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Los humanoides condujeron al testigo hacia el lugar donde había aterrizado su aeronave. |
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En los días posteriores a su experiencia Burtoo experimentó una insólita
perdida de apetito y peso, así como dificultades para dormir con normalidad.
Estos síntomas remitieron en poco tiempo. En el lugar del supuesto aterrizaje
Burtoo aseguró, que dos días después del incidente, el follaje estaba aplastado
y desordenado, pero no se documentó gráficamente ningún tipo de marcas o
huellas. Alfred Burtoo falleció el 31 de agosto de 1986, y su esposa Marjorie
estaba convencida de la realidad de la experiencia de su marido, que nunca se
retractó de lo que había vivido aquella madrugada.
Alfred Burtoo había servido en el Regimiento Real de la Reina en 1924 y el
Regimiento de Hampshire durante la Segunda Guerra Mundial. Era conocido por su labor
como historiador y también trabajó como granjero y jardinero.
JOSE ANTONIO CARAV@CA
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